
Una Pavlova para mamá
Se acerca el Día de la Madre y, si eres de los nuestros, seguro que siempre acabas dando vueltas a qué detalle tener que no sea lo de siempre. Este año, desde Foodie Alfer te proponemos un cambio de plan: más que comprar algo, lo que apetece es hacer algo. Y no hay nada que diga «me he currado este detalle» como una Pavlova bien hecha.
Es ese tipo de postre que impone respeto por el merengue, pero cuando le pillas el truco técnica en mano, es una maravilla. Es ligera, no empalaga y, visualmente, con las fresas de esta temporada, queda increíble en la mesa. Para que no sufras con si el merengue sube o baja, aquí te dejamos nuestra hoja de ruta usando la KitchenAid; que para esto, sinceramente, es la que no falla.
Lo que vas a necesitar:
- 125 ml de claras (a temperatura ambiente, clave para que monten mejor).
- 220 g de azúcar glasé (buscamos esa textura fina, casi de seda).
- 1/2 cucharada de vinagre blanco.
- 1 cucharada de harina de maíz (maicena, la de toda la vida).
- Nata montada y fresas.
El paso a paso
- Montar las claras: empezamos con el batidor de varillas en nuestra KitchenAid a velocidad 8. Tienes que batir hasta que veas que se forman picos duros. Ese punto en el que, si te atreves a dar la vuelta al bol, ni se mueven
Saturación de azúcar: añadimos el azúcar glasé poco a poco. El merengue debe transformarse en una crema brillante y densa. Si frotas un poco entre los dedos y no notas el grano, vas por buen camino.
El estabilizador: incorporamos el vinagre y la harina de maíz. Mezcla con suavidad, lo justo para integrar. Este paso es el que nos garantiza ese interior tipo marshmallow que marca la diferencia entre un merengue seco y una Pavlova de autor.
Horneado: dale forma orgánica con la cuchara sobre papel vegetal. Buscamos volumen. Al horno: 2 horas a 100°C.
- Ojo aquí: Cuando pite el horno, ni se te ocurra sacarla. Apágalo y déjala enfriar ahí dentro. Si la sacas de golpe, el cambio de temperatura la rajará entera y no queremos eso.
A disfrutar: justo antes de servir, ponle una buena capa de nata montada y todas las fresas que quieras.

Al final, lo bueno de cocinar así es que disfrutas hasta del proceso. No es solo el postre, es el rato que pasas preparándolo para alguien que se lo merece todo. Si te animas a hacerla este mayo, ya verás que el resultado (y la cara de mamá) vale muchísimo la pena.


